En Estados Unidos, tierra de libertad, está Nueva York, “La ciudad que nunca duerme”. Ahí hay un brillo tan especial. En la TV, la Radio, los centros comerciales, en calles y edificios todo luce bien. Aún la neurosis luce atractiva, y la apatía es tomada por virtud, como una útil barrera de protección.
Pero ni Wall Street, Time Square, o el Radio City Music Hall, ni el Central Park, o si prefieres todo Manhattan con Broadway incluido, pueden ocultar el lado oscuro del sueño americano. “Chico de Nueva York, nunca tendrás un día aburrido”. Tal vez sea verdad lo que canta esa canción. En el reino del Dólar pretenden vendernos un mundo donde si hay dinero todo estará bien. Pero precisamente esa concentración formidable de dinero y poder amenaza con acabar de destruir el poco equilibrio que queda en el mundo.
Si estás en Nueva York, y en verdad nunca te aburres, no lo tomes a mal pero, ten cuidado, muchas cosas que son “divertidas” podrían destruirte: Drogas, materialismo, dinero fácil, esnobismo. La estúpida satisfacción de contar a una audiencia televisiva indiferente los pormenores falseados de tu historia en un Talk Show. Debes saber que a nadie le importa tu historia, olvidarán todo lo que dijiste en 2 minutos. Y si quieres adelgazar, no confíes ciegamente en la Ciencia Médica, donde muchos cerdos vestidos de Doctores pueden darte desde anfetaminas hasta veneno para Ratas.
A veces pienso que el Infierno es una tierra de libertad, no sitio de castigo. Donde todos tienen libertad de hacer, hacerte daño, mucho daño. La Rama Judicial pronto se quebrará, tienes derecho a sobrevivir y guardar silencio. Topos y mutantes serán los amos del subsuelo, muchos dementes invadirán todos los espacios, asesinos en serie con clubes de fanáticos, la materia como prueba de absorbente de la iniquidad, multiplicadora de la contaminación...
Pero, más allá de la "Anarquía neoyorquina" hay una luz que brilla. La gran manzana nunca dejará de ser grandiosa. Gente de todas las razas encendiendo antorchas, centrales de energía humana en sótanos de casas del Bronx, dueños de imperios disfrazados de cajeros de mall. El amor al existencialismo humano puro, valorar lo mejor de otro siendo aún defectuoso, el imperio de las instituciones respaldando este lado del mundo. El sueño americano, el mismo viejo sueño, el poder de todos depende de uno...
Si no te dejas absorber por ese gran abismo, podrás ser feliz en la ciudad que nunca duerme. O si te toca o prefieres, en tu ciudad que siempre muerde.